La Iglesia Católica en su calendario litúrgico celebra el 15 de agosto la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Fue el Papa Pío XII quien en 1950 proclamó la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos, como verdad a creer en la fe. Esta fiesta ha adquirido gran fastuosidad al venerar a la Virgen como la primicia de glorificación entre los miembros de la Iglesia, llevados al cielo al final de los tiempos.
Los Evangelios narran la íntima relación entre Jesús y María. Ella, juntamente con Juan, el discípulo amado, estuvo a los pies de Jesús crucificado y agonizante. Poco antes de morir Jesús se dirigió a María llamándola “Mujer” y designándola como madre de Juan. Éste, obedeciendo el mandato de Jesús, recibió a María en su casa en Jerusalén (Jn 19,27). Esa casa pertenecía a Zebedeo y a sus dos hijos, los apóstoles Juan y Santiago, pescadores en Galilea, quienes vendían los pescados a los numerosos peregrinos que acudían a las fiestas del Templo de Jerusalén.
Algunos relatos antiguos narran cómo la Virgen María, al presentir el final de su vida terrena, volvió, juntamente con Juan, a Jerusalén y vivió en una casa, hoy Iglesia de la dormición, cerca del lugar donde murió Jesús. Los restantes apóstoles de Jesús fueron convocados por revelaciones a venir a Jerusalén para acompañar en sus últimos días a la Madre de Jesús.
María concluyó su vida terrenal sin tener ninguna enfermedad ni sentir dolor. Por eso ese momento final es llamado “dormición” o “tránsito” de la Virgen María. Recordemos cómo Jesús también emplea el vocablo “dormición”, cuando al ser llamado por el jefe de la sinagoga, cuya hija había fallecido, le dijo “No llores, tu hija no está muerta, está dormida” y tomándola de la mano le ordenó: “Niña, levántate“. Y el Espíritu retornó a ella y se levantó. (Lucas 8,49-56).
Vivamos con fe y devoción ésta gran festividad, inculquemos a nuestros hijos valores y humildad que los acerquen más a sus semejantes, para hacer y desear el bienestar.
¡VIVA LA VIRGEN MARIA, ¡TRANSITO, AURORA Y ASUNCION A LOS CIELOS, VENCIENDO COMO SU HIJO JESUCRISTO, NUESTRO GRAN SALVADOR, ¡A LA TEMIDA MUERTE!

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